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La Amor-malidad del confinamiento

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No quiero volver a la normalidad. 

Me gusta esta amor-malidad donde ya no tengo que inventarme el comprar cosas, el visitar lugares ni el obtener títulos para sentirme viva.
 
Donde el vecino dejó de ser el extraño que vive al otro lado de la calle y ahora es un ser humano que ama, que sufre, que ríe, que llora y que por vez primera  saludo con alegría genuina desde mi ventana.
 
Me gusta esta amor-malidad donde ya no hay excusa para no llamar a los que amas,  y donde no hay vergüenza para decirles “te quiero muchísimo, eres importante en mi vida”.
 
Me gusta tener tiempo para “charlar” tranquilamente de cosas verdaderas con mis viejos amigos, con esos que siempre había querido reconectar pero nunca encontraba el momento.
 
Me gusta respirar el aire limpio de la mañana y el olor a bosque de la tarde antes enmascarado por los humos de los carros y fábricas. Me gusta que por primera vez puedo ver el celeste brillante sobre Madrid.
 
Me gusta tener tiempo para no hacer nada sin sentirme culpable o deprimida. Tiempo para Ser, para escuchar mi silencio, para sentir el latido de mi corazón que me cuenta que aunque todo el sistema esté “paralizado”  la Vida sigue su curso y yo sigo viviendo.
 
Me gusta aprender de la incertidumbre, sentir este espacio que se expande adentro ante lo desconocido,  como una tierra fértil lista para ser sembrada.  
 
Me gusta la creatividad que ha nacido en mi,  una nueva y desconocida disposición para compartir lo que soy solo por el hecho de compartirlo.
 
Me gusta tener tiempo para valorar las pequeñas cosas que antes pasaban desapercibidas, el disfrutar de la casa, el sentarte a la mesa,  el té de la tarde, el rayo de sol que entra por la ventana,  los brotes que crecen en el jardín, las semillas que transporta el viento.
 
Los pájaros cantan y vuelan libres en el cielo y me siento mas conectada que nunca a esta tierra que no puedo pisar, a los árboles que no puedo abrazar, a los ríos en los que no puedo bañarme. Ahora podemos ver en nuestras narices el impacto que nuestras acciones humanas dejan en el planeta. La tierra se limpia, rebrota, el aire se sana, los animales viven sin miedo.
 
No quiero volver a la normalidad donde estamos hipnotizados ante las pantallas,  donde somos esclavos del consumo, donde estamos verdaderamente aislados unos de otros en nuestros miedos y diferencias.
 
Ahora no podemos tocarnos pero nos estamos tocando con el corazón mas que nunca.
 
Ahora no podemos salir pero estamos encontrando la salida hacia adentro.
 
En esta amor-malidad perdimos la libertad del cuerpo  pero hemos ganado la del espíritu.

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